Muchas empresas hacen estrategia sin datos y cuando eso pasa, lo que llaman estrategia termina siendo una reunión de opiniones.
En los últimos meses trabajé con equipos de México, Brasil y Argentina en workshops de rediseño de modelo de negocio.
La regla fue simple, pero incómoda:
No pelearse con los datos.
Cada equipo tenía que construir su modelo usando información real que ellos mismos habían relevado previamente mediante encuestas. Nada de suposiciones. Nada de “yo creo que”.
Lo interesante es que los datos solos no resolvían nada, había que interpretarlos, discutirlos, ponerlos en contexto y acordar qué significaban para el negocio. Y ahí apareció algo que veo en muchas empresas: la resistencia natural a usar evidencia cuando contradice lo que creemos.
Sin guía, la conversación vuelve rápido al terreno conocido: opiniones, intuiciones, experiencias personales, sesgos.
Por eso, estos ejercicios no son solo metodológicos, son ejercicios de maduración profesional.
Cuando el equipo logra sostener la discusión apoyándose en datos, la magia ocurre y el equipo empieza a pensar estratégicamente, entiende mejor el negocio completo, alinea áreas que antes trabajaban separadas y descubre la importancia de tener información de calidad.
Algo que confirmo cada vez más, la cultura data-driven no se logra con tableros.
Se logra cuando las personas se animan a discutir el modelo de negocio con evidencia sobre la mesa.
En los workshops, después de definir el Canvas, cruzamos el modelo con clústeres de clientes y escenarios competitivos para decidir si el foco debía ser:
• ganar mercado,
• defender posiciones,
• o crear nuevos espacios.
Recién ahí aparecieron planes de acción con sentido.
Esto conecta con algo que escribí hace un tiempo sobre la ceguera por elección.
Muchas empresas tienen datos…
pero eligen no usarlos para decidir.
Pensar estratégicamente incomoda.
Pero no hacerlo, cuesta mucho más.